


La pista que remonta el valle del arroyo de Rubió por la vertiente de Puigsoler, desde la vecindad de Valhonesta hacia la sierra de Ginebral y el collado de Gipó, cruza, pasados unos centenares de metros del caserío de Can Forns, dos canteras paradas y contiguas: primero y por debajo del camino la cantera antigua denominada de Can Forns, y después y por encima del camino la cantera moderna denominada del Roure. Una y otra son como el día y la noche. La cantera antigua de Can Forns es relativamente pequeña y utilizó técnicas artesanales para extraer biocalcarenita nummulítica; en cambio, la cantera moderna del Roure ha abierto un boquete descomunal en la vertiente de montaña a base de explosiones de dinamita para aprovechar parte de sus rocas, principalmente las areniscas. Aquí nos centramos en la geología que exhibe la cantera antigua de Can Forns.
La cantera antigua de Can Forns tiene formas cuadrangulares, con un corte vertical de 3-5 metros que muestra la parte que queda del estrato de roca que fue explotado, y superficies planas tanto al pie o base de trabajo como por encima. En conjunto forma un gran escalón rocoso (foto 1ª). La roca es una biocalcarenita que contiene nummulites diminutos (foto 3ª). En esta roca de naturaleza caliza y posición alta, el agua de la lluvia disuelve el carbonato de calcio abriéndose paso a través de grietas que progresivamente va agrandando, en el proceso denominado de karstificación. El corte de la cantera muestra el karst, la red de grietas de tamaño variable dentro de esta masa de roca carbonatada (foto 2ª). En las grietas se acumula una tierra roja y arcillosa, arrastrada y a la vez lavada por la circulación del agua hasta dejarla completamente descarbonatada a pesar de estar comprendida en una roca de naturaleza totalmente caliza.
[fotos Florenci Vallès (1ª) y Jordi Badia (2ª y 3ª)]