


La hierba de los cantores o erísimo (Sisymbrium officinale) es una hierba anual, raramente bienal, de la familia Crucíferes y propia de los márgenes de caminos, de montículos de piedras y de solares urbanos en desuso.
La hierba de los cantores alcanza alrededor de medio metro de altura. Toda la planta tiene pilosidad blanca, corta y poco densa. Su aspecto es desgarbado debido a las ramas secundarias divaricadas que se alargan en un racimo simple, ocupado hasta casi el extremo por los frutos. Las hojas son pinnatífidas, irregulares, con entrantes grandes y profundos. Las hojas caulinares superiores adoptan forma hastada por sus dos lóbulos basales grandes y algo dirigidos hacia atrás. Las flores se agrupan en la cima del racimo, densas al tener el pedúnculo muy corto. Estas flores son pequeñas, poco conspicuas, con 4 pétalos de color amarillo limón constituidos por una uña de 1 mm y un limbo oval de 2-3 mm. La hierba de los cantores o erísimo se identifica más fácilmente por sus frutos en silicua aguda, en forma de lanza de 10-13 mm de longitud, que se mantiene erecta junto al eje de la inflorescencia (foto 3ª).
El epíteto específico officinale y su nombre popular de hierba de los cantores nos ponen sobre aviso de las propiedades medicinales, más o menos verificadas, que se atribuyen a esta planta. Infusiones preparadas con racimos y hojas de erísimo, y jarabes elaborados añadiendo agua y azúcar a las hojas y los tallos triturados, se han utilizado tradicionalmente y de manera regular en toda Europa para combatir la afonía, la ronquera y el dolor de garganta. En las comarcas del sur de Cataluña se dejaban macerar hojas de erísimo en vino blanco, que unos meses después se bebía con la indulgencia de su capacidad para afinar o reforzar la voz. Aparte de estos usos medicinales y lúdicos, las hojas de hierba de los cantores son comestibles en ensalada, como las de otras Crucíferas, y con sus semillas puede elaborarse mostaza.
[fotos Jordi Badia]